El AGUA asunto de seguridad nacional
Lunes 19 de Marzo de 2007 07:24
Escrito por Pablo Cabañas DÃaz
La palabra agua aparece 582 veces en el Antiguo testamento y cerca de 80 veces
en el Nuevo. Pero no se agota allí el vocabulario referente al agua. La primera
y la última página de La Biblia sitúan el agua como elemento dominante.
Como en una visión apocalíptica, en nuestro país 94 por ciento de los ríos y los
lagos están contaminados, 102 acuíferos son sobrexplotados, desaparecieron cinco
lagunas, 38 ciudades tienen problemas serios de abasto de agua potable, 77 por
ciento de la población vive en las zonas áridas y semiáridas, 11 millones de
personas -sobre todo del campo- carecen de agua potable, el desperdicio de al
menos 50 por ciento del líquido, y alrededor de 70 por ciento de aguas
residuales sin tratamiento, son algunas de las características que delinean el
espectro nacional del agua.
En el sexenio pasado, Vicente Fox señaló que el agua era tema de seguridad
nacional, pero los recursos destinados al sector bajaron de 15 mil 732 millones
de pesos, en 1998, a 10 mil 566 millones, en 2002; para 2005 se le asignaron 17
mil millones de pesos, 56 por ciento de lo que la propia Comisión Nacional del
Agua (CNA) reconoce como necesario para atender al sector. La agricultura
utiliza 76 por ciento, de lo cual se pierde 60 por ciento debido a que, de los
6.3 millones de hectáreas de riego, tan sólo un millón están tecnificadas, y en
el resto el líquido aún se conduce por canales de tierra, en los que se infiltra
o evapora. A esto se agrega que del agua que llega a las ciudades, cerca de 14
por ciento del total del país, 50 por ciento se pierde en fugas de la red de
agua potable. Mientras que de 10 por ciento que utiliza la industria, sólo 26
por ciento recibe tratamiento.
A lo anterior se debe añadir que alrededor de 25 millones de mexicanos que
radican en 23 ciudades enfrentan una disponibilidad extremadamente baja de agua,
de acuerdo con los parámetros de la Organización de Naciones Unidas (ONU), y la
mayoría de las ciudades de más de 50 mil habitantes se ubican sobre acuíferos
sobrexplotados.
Este escenario fue opacado en la administración de Fox Quesada y se le dio
prioridad a las diferencias internacionales entre México y Estados Unidos
derivadas del Tratado de Límites y Aguas de 1944. El vecino país nos entrega
cada año mil 850 metros cúbicos del río Colorado, y del río Bravo se envían
431.7 millones de metros cúbicos a los estadounidenses. Esto generó una crisis
por la larga sequía en la década de los noventa del siglo XX, que impidió
cumplir a México con el compromiso y aunque hoy sabemos que ya se cubrió la
deuda de agua, es un problema que sigue latente por las eventuales sequías en el
norte del territorio nacional.
En 2007, la CNA informó que gracias a las lluvias de 2006, la clausura de 114
extracciones clandestinas de aguas, 30 suspensiones de descargas de aguas
residuales, entre otras acciones, permitieron que después de seis años, México
va saldando su deuda de agua con Estados Unidos.
La CNA detalla que el logro de prácticamente saldar el adeudo de agua de México
con Estados Unidos fue el resultado de seis años de trabajo, gracias al
aprovechamiento de agua en los sistemas de riego que se modernizaron así como el
control de la extracción ilegal de aguas nacionales. En el campo fue necesario
rehabilitar y modernizar la infraestructura en 831 mil 205 hectáreas agrícolas e
incorporar 68 mil 355 hectáreas en distritos y unidades de riego, rehabilitar un
millón 57 mil hectáreas de las 2.65 millones de hectáreas con las que cuenta el
país en los distritos de temporal y tecnificado. La CNA transfirió a los
usuarios de aguas organizados, la infraestructura hidroagrícola que beneficia a
186 mil 884 hectáreas de 59 mil 755 agricultores en distritos de riego en los
que se conformaron 33 asociaciones civiles de usuarios con lo que se alcanzo 99%
de la superficie susceptible a transferir.
También se incorporaron 46 mil 759 hectáreas de temporal tecnificado y cerca de
45 mil hectáreas en distritos de riego, unidades de riego y riego suplementario
en la región sur y sureste del país. Agrega la CNA que fue necesaria la
elaboración de 79 planes de prevención y atención de emergencias en las zonas
más vulnerables del país, rehabilitar 263 presas y realizar mil 168 monitores
electromecánicos en 895 de las cuatro mil existentes en el país.
Lo que no comenta la CNA, es que el pago de agua fue el primer compromiso
firmado por Fox con Bush, el 16 de marzo de 2001. En este documento se indica
que: “...los Comisionados tomaron nota de las conversaciones llevadas a cabo
entre el presidente de México, Vicente Fox Quesada y el presidente de Estados
Unidos, George W. Bush en San Cristóbal, Guanajuato, el 16 de febrero de 2001,
donde se formuló una solicitud de agua por un volumen de 740 millones de metros
cúbicos (600,000 acres pie) al 31 de julio de 2001, para reducir el déficit
actual de las aportaciones de los tributarios mexicanos del río Bravo. En
seguimiento a esta conversación los comisionados revisaron los datos
proporcionados por los ingenieros principales y observaron que de finales de
septiembre de 2000, al 3 de marzo de 2001, se ha contabilizado a favor de
Estados Unidos un volumen de 287 millones de m3 (231,674 acres pie) por lo que
sólo restaría cubrir, para el 31 de julio de 2001, un volumen de 453 millones de
m3 (367,252 acres pie).”
La solicitud estadounidense, de la cual “tomaron nota” los comisionados, fue
hecha en pleno ataque estadounidense a Irak por lo que tomaba mayor “sabor” la
recomendación contenida en el acta acerca de que: “...los gobiernos de México y
Estados Unidos, animados por el espíritu de amistad que prevalece en la relación
entre los dos países y comprometidos a prevenir que tengan que encontrarse
nuevamente en situaciones como las que aquí se han tratado, trabajan
conjuntamente para identificar medidas de cooperación en materia de manejo de
sequías y de manejo sustentable de esta cuenca.”
El fondo del Acta 307 es doble. Por un lado fue una negociación que jugó un
encabezamiento fundamental en el preámbulo de las elecciones a gobernador de
Texas. Por el otro lado, y el más importante, asentaba legalmente la posibilidad
de violar las fechas de pago –de México a EUA– en el sentido de su adelanto,
algo urgente pues la severa sequía ya comenzaba a afectar seriamente a los
agricultores texanos al comprometer el riego de los cultivos de la temporada de
verano.
En base al tratado de 1944, México debe de pagar anualmente un monto mínimo
garantizado de agua que no es reducido proporcionalmente en caso de intensa
sequía (algo que sí sucede en el caso de los pagos de agua de EUA en el Colorado
y en el tramo del Bravo que va de El Paso a Fort Quitman). Recuérdese que ese
pago mexicano de agua puede hacerse en un ciclo de cinco años de tolerancia, por
lo que México, en este caso, no estaba obligado a pagar su adeudo. En el caso
del ciclo 25 (1992-1997) que venció en septiembre de 2002, ya estaban pagadas
las cuotas correspondientes antes de que se firmara el Acta 307, mientras que en
el del ciclo 26, esas se tienen que cubrir durante este año.
El tema de las fechas de vencimiento se maniobró y fue acordada la primera
reunión entre los presidentes Vicente Fox y George W. Bush justo para hacer
creer a la opinión pública en EUA que México se estaba “robando” el agua. Así,
el 18 de mayo de 2002, en la 41 Reunión Parlamentaria celebrada en Guanajuato,
Silvestre Reyes, representante de Texas y miembro de la delegación de
legisladores estadounidenses, insistió en que México debía cumplir con la
entrega del agua, pues de lo contrario esto puede considerarse como un robo.
Por su parte, el entonces embajador de EUA en México Jeffrey Davidow, afirmó en
esa misma reunión que México tenía agua suficiente para pagar el adeudo a EUA,
pero la estaban desviando en el norte para sembrar más de 25 mil hectáreas,
amenazando que investigarán el agua que hay en Chihuahua, para que fuera enviada
a Texas. Textualmente pronunció: “...nosotros vamos a investigar por satélite si
hay agua, pero es necesario mandar un equipo de la Comisión Binacional de Agua,
para hacer un estudio.” Es más, en otra ocasión, Frank White, gerente de 28
distrito de riego del sur de Texas afirmó que “...México nos ha robado el agua
porque Chihuahua no quiere soltar el agua del río Conchos... el problema es que
han convertido el desierto en un oasis con nuestra agua.”
En respuesta al embajador Davidow, el priísta Oscar Lubbert, a la sazón senador
por Tamaulipas, indicó que si en la región se habían regado 25 mil hectáreas,
“...hay más de 200 mil en Tamaulipas y parte de Coahuila que no han recibido una
sola gota de agua...”. El entonces gobernador de Chihuahua, Patricio Martínez
había suscrito que “...el agua que era de Chihuahua y... el Tratado que le
conviene a México, no le conviene a mi estado. Porque nosotros estamos obligados
a pagar 54% de las aguas que el país entrega a Estados Unidos, para sólo recibir
5% para el Valle de Juárez. ¡Eso se acabo!... si quieren agua, de alguna manera
tendrán que pagarla... el tratado no tiene por qué ser eterno; no podemos
pagarles lo que no tenemos.”
La postura antes expuesta no era casual, Chihuahua es el único estado del país
que se rige por dos tratados, el de 1906 y el de 1944. De ahí que indique el
gobernador chihuahuense los respectivos porcentajes. Y es que el disgusto por la
situación del Valle de Juárez (regulado bajo el tratado de 1906) ha sido
histórico, incluso cuando se firmó el tratado de 1944 se señaló la inconformidad
por el mismo, puesto que no resolvía los problemas de esa región.
Las reacciones en México no quedaban ahí, el 19 de mayo de 2002, el presidente
del Consejo Agropecuario Regional de Tamaulipas, Jorge Luis López Martínez,
suscribió que 50 mil familias que subsistían sólo de la agricultura del distrito
025 quedarían en total desamparo si se cumplía el Acta 307.
El daño era grave porque afectaría a 14 mil productores de 202 mil hectáreas con
una producción anual de 450 mil toneladas y una derrama económica de 800
millones de pesos. Es pues, dijo López Martínez, inaudito que Vicente Fox viole
la ley, firmando convenios y acuerdos del pago de deudas de un agua que no tiene
y que además no debe disponer de la poca que hay ya que una ley que dice
claramente que pertenece a los productores agrícolas del distrito de riego 025 y
que fue creado por decreto presidencial el 27 de junio de 1942 y publicado en El
Diario Oficial de la Federación el 10 de agosto de 1953. Tal decreto veda las
aguas debajo de la presa internacional Falcón al indicar que, “...nadie, ni
siquiera el presidente de la República, puede hacer uso del agua del río Bravo y
sus afluentes, a menos que se derogue esa ley.”
Las presiones del embajador Davidow se estaban concretando. Desde febrero de
2002 se venían elaborando cada dos semanas informes por el Center for Space
Research (CSR) de la Universidad de Texas en Austin, basándose en análisis
sensoriales remotos por satélite, en los que se daba información detallada sobre
las reservas de agua fronterizas, particularmente de Chihuahua, con el objeto de
ofrecer al gobierno de Estados Unidos información puntual para “las
negociaciones” con el gobierno mexicano. En el presupuesto de 2002 se había ya
aprobado un programa de largo plazo denominado National Assessment of Water
Availability and Use que determinaba la disponibilidad de agua superficial y
subterránea y la dimensión de las necesidades de la misma a lo largo y ancho del
país.
Desde el 2000 se viene discutiendo y tomando seriamente el asunto del agua pues
como indica la US Geological Survey en un informe de 2004 dirigido al Congreso
estadounidense: “... en muchas partes del país, la competencia por el agua para
satisfacer las necesidades de las ciudades, hogares, granjas e industria, se
está incrementando.”
En un escenario de “deudor” y “acreedor”, el agua de la región fronteriza
comienza a generar geopolíticas. A modo de comprometer más, es de subrayarse que
en julio de 2003 se firmó el Acta 309 en el que se establece que México deberá
entregar el agua que se ahorre con obras de modernización y tecnificación de
infraestructura hidráulica, modificando el monto y procedencia del mínimo del
líquido a pagar anualmente, especificando que se debe transferir de inmediato el
agua almacenada que rebase los 1,044 millones de m3.
El acta viola los artículos 76 fracción primera y el 89 fracción X de la
Constitución porque implica, “... además de una modificación de la práctica, una
franca violación al Tratado Internacional de Límites y Aguas suscrito por ambas
naciones en 1944, privando de agua a las ciudades fronterizas como al campo. No
obstante el Senado de la República ha permanecido omiso a este relevante
problema.
En suma, la disposición del gobierno de Fox de pagar agua de forma adelantada en
medio de una severa sequía fue un acto que puede volverse a repetir y que
implica la violación de los periodos de pago del tratado de 1944 en las
cantidades estipuladas en las actas 307 y 309. A partir de 2003, la situación
climática fue cambiando considerablemente en la cuenca mexicana del Bravo,
incrementándose la disponibilidad de agua y con ello de la capacidad de cesión
de agua a EUA, algo que ese país aprovechó. En enero de 2004 se pagó, nuevamente
sin avisar públicamente, cerca de 224 millones de m3 desde las represas Falcón y
Amistad. En diciembre de 2003, la Junta del Buen Vecino (organismo que asesora
al presidente y al Senado de EUA, presidido por la Agencia de Protección al
Medio Ambiente de ese país y en el que participan representantes de otras ocho
agencias gubernamentales y de los cuatro estados que colindan con México),
recomendó “... la realización de estudios sobre los acuíferos transfronterizos
para abordar temas como los derechos sobre el agua subterránea.”
La perspectiva más probable en ese escenario, es que se establezca un acuerdo de
pago de agua por agua y agua por dinero, éste último es un esquema que ya se
viene negociando con Canadá desde la firma del Tratado de Libre Comercio de
América del Norte. En ambos casos, Estados Unidos sale ganando y, en el esquema
“agua por dinero”, la deuda monetaria generaría intereses de deuda; el agua no.
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